Hambre Cero nutre a los alumnos y une a las comunidades


El programa Hambre Cero no es solo una iniciativa para erradicar la desnutrición infantil; es un símbolo de esperanza y unión para las comunidades. Más allá de garantizar alimentos saludables en los platos de miles de niños, este programa logró algo aún más poderoso: movilizar a las comunidades para construir un futuro mejor.
Las aulas se llenan de energía renovada, no solo por la nutrición que reciben los niños, sino porque sus familias, docentes y vecinos se convirtieron en piezas clave de este engranaje. Juntos, forman parte de la alimentación de los chicos, fortaleciendo así a la comunidad.
Una muestra de ello es lo que ocurre en la Escuela Básica N°13377 Río Verde, de la comunidad indígena Pueblo Qom, ubicada en Benjamín Aceval, Cerrito. Allí, a diario 95 estudiantes reciben sus platos de comidas. En su mayoría, son niños que quedan al cuidado de sus abuelas, mientras sus padres van a trabajar a las estancias del Chaco, por lo que Hambre Cero es un alivio para las mismas al contar con esta provisión alimentaria para los alumnos.
Con esta asistencia alimentaria, toda la comunidad se ve involucrada, como es el caso de la cocinera Mariza Bergara, de la escuela Básica N. 7119 Santa Librada, quien cocina para 132 alumnos, entre ellos dos hijos suyos.
También su hermana, que estudió en esa misma institución educativa, ahora forma parte del staff de cocineras y prepara los alimentos para sus hijos y los demás chicos que acuden a ese lugar.
Más allá de garantizar la alimentación de miles de niños en situación de vulnerabilidad, este programa está logrando que muchos estudiantes regresen a las aulas.
El impacto trasciende las mesas escolares. Las familias adoptan hábitos alimenticios más saludables, inspirados por lo que ven en los platos de sus hijos.
Hambre Cero también es un puente hacia un futuro más equitativo. Al garantizar que cada niño reciba una alimentación digna, sin distinción alguna, el programa siembra esperanza y demuestra que el cambio es posible. El éxito del programa no solo se mide en cifras, sino en el impacto tangible en las vidas de los niños que ahora regresan a las aulas con esperanza y oportunidades renovadas.